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¿Por qué la inteligencia artificial no reemplazará al contador público en el Perú?

Por: Mgtr. Renán Bernales Vásquez
Docente de la Escuela de Contabilidad
Campus Tarapoto
octubre 6, 2026
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“El verdadero peligro no es que la inteligencia artificial procese datos a la velocidad de la luz, sino creer que una pantalla puede asumir por sí sola el juicio profesional, la responsabilidad y la confianza que sostienen a la profesión contable”.

Dos directores observan en una pantalla un estado financiero y una propuesta de declaración tributaria elaborados por inteligencia artificial. Uno propone enviarlos inmediatamente porque el sistema procesa millones de datos en segundos. El otro revisa los anexos y descubre que la herramienta confundió un aporte de capital con un ingreso gravado.

La máquina calculó correctamente; el problema estuvo en la interpretación.

Esta escena plantea una pregunta cada vez más frecuente en empresas, firmas de auditoría y universidades: ¿la inteligencia artificial reemplazará al contador público?

La respuesta exige distinguir entre automatizar tareas y sustituir una profesión. La IA puede procesar información, identificar patrones, conciliar datos, detectar inconsistencias y generar propuestas en segundos. Sin embargo, la actividad contable comprende mucho más que procesamiento mecánico: exige interpretar normas, evaluar evidencia, aplicar juicio profesional y asumir responsabilidades derivadas de las decisiones adoptadas.

La transformación tecnológica no es nueva. Desde la partida doble sistematizada por Luca Pacioli hasta las hojas de cálculo, los sistemas contables, los ERP y las plataformas en la nube, la profesión ha incorporado herramientas que redujeron progresivamente el trabajo manual. VisiCalc, presentado comercialmente en 1979, fue uno de los primeros hitos de la hoja de cálculo electrónica. La tecnología no eliminó la contabilidad; modificó las tareas del contador.

En el Perú, el cambio también ha sido profundo. Los registros físicos y procesos manuales han dado paso a comprobantes electrónicos, libros electrónicos y sistemas integrados. Un ejemplo actual es el Sistema Integrado de Registros Electrónicos (SIRE), mediante el cual SUNAT genera propuestas para el Registro de Ventas e Ingresos Electrónico y el Registro de Compras Electrónico a partir de información electrónica.

La propia Administración Tributaria está incorporando herramientas de análisis de datos, inteligencia artificial y machine learning para fortalecer sus capacidades de control y gestión de riesgos. Esta tendencia coincide con la experiencia internacional: la OCDE señala que las administraciones tributarias utilizan IA para mejorar el cumplimiento, detectar riesgos y apoyar procesos de decisión, pero también destaca la necesidad de supervisión, transparencia, seguridad, rendición de cuentas y experiencia humana.

Aquí se encuentra uno de los principales límites de la automatización.

Una herramienta puede detectar que una empresa realizó determinado pago, pero no necesariamente puede determinar, sin intervención profesional, si ese gasto cumple todos los requisitos tributarios para ser deducible. El artículo 37 de la Ley del Impuesto a la Renta exige analizar criterios como causalidad, normalidad y razonabilidad, además de las condiciones particulares previstas para determinados gastos. Por ello, una operación contable no puede reducirse a una coincidencia matemática entre datos.

La Norma XVI del Código Tributario constituye otro ejemplo. Su aplicación requiere analizar la realidad económica de determinadas operaciones y circunstancias concretas. Esto demuestra que la determinación tributaria puede involucrar interpretación y valoración, no solamente procesamiento automatizado de información.

El marco jurídico peruano también diferencia claramente entre una herramienta tecnológica y un profesional. La Ley N.º 28951, Ley de actualización de la Ley N.º 13253, reconoce entre las competencias del contador público formular, autorizar y/o certificar estados financieros, incluidos aquellos que se incorporen a declaraciones juradas y otros documentos con fines tributarios.

Esto no significa que toda responsabilidad sobre los estados financieros recaiga exclusivamente en el contador. La Ley General de Sociedades, N.º 26887, distribuye responsabilidades entre los órganos de la sociedad; por ejemplo, atribuye al gerente responsabilidades vinculadas con la existencia, regularidad y veracidad de los sistemas contables, mientras que corresponde al directorio formular los estados financieros.

Precisamente por ello, una inteligencia artificial no puede convertirse simplemente en el sujeto responsable de una decisión profesional. Puede elaborar una propuesta; el profesional debe evaluarla, contrastarla con la normativa vigente, verificar la evidencia y asumir las consecuencias de su actuación dentro del marco legal correspondiente.

El desafío también alcanza a las universidades. La formación contable ya no debería centrarse únicamente en enseñar a producir información, sino en preparar profesionales capaces de auditar las respuestas generadas por la inteligencia artificial. El estudiante deberá aprender a preguntar: ¿cuál es la fuente normativa?, ¿está vigente?, ¿los datos son completos?, ¿la operación es real y sustentable?, ¿la conclusión corresponde a la realidad económica?, ¿qué riesgos existen?

Esta competencia podría denominarse “auditoría de respuestas algorítmicas”: utilizar la IA, pero sin delegarle el juicio profesional.

El Future of Jobs Report 2025, del World Economic Forum, evidencia que la transformación será real y que los empleadores esperan cambios importantes en diversas ocupaciones, incluidos los contadores y auditores. Esto constituye una advertencia para la profesión: las tareas rutinarias serán cada vez más susceptibles de automatización.

Por ello, el futuro del contador público no dependerá de competir con una máquina en velocidad de cálculo. Dependerá de desarrollar aquello que la automatización no convierte automáticamente en criterio profesional: interpretación, pensamiento crítico, ética, comunicación, conocimiento normativo y capacidad para asumir responsabilidad.

La inteligencia artificial puede procesar información, detectar patrones y generar propuestas.

La máquina puede calcular. El contador público interpreta, verifica, certifica y convierte la información en decisiones profesionales responsables.

El desafío, entonces, no será preguntarnos únicamente si la inteligencia artificial reemplazará al contador público.

La verdadera pregunta será: ¿qué contadores públicos estarán preparados para trabajar profesionalmente con inteligencia artificial?

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