
El estudiante que no hace preguntas
Docente de la Escuela de Administración
Campus Piura

En muchas aulas peruanas se repite una escena conocida: el docente termina su explicación, pregunta "¿alguna duda?" y el salón se llena de silencio. Solemos interpretar ese silencio como señal de que todo quedó claro, pero rara vez es así. Con frecuencia, esconde timidez, inseguridad o una costumbre aprendida desde el colegio, donde durante años se premió al estudiante que repite con exactitud lo que escuchó y no al que se atreve a cuestionarlo.
Las razones son variadas. Algunos estudiantes temen que sus compañeros los juzguen o que el docente piense que no prestaron atención. Otros vienen de una formación centrada en memorizar, en la que dudar parecía una falta y no una virtud. A ello se suman las aulas numerosas, donde levantar la mano se siente como exponerse, y la creencia equivocada de que preguntar equivale a admitir que no se entendió nada.
Quien pregunta demuestra que está pensando. La duda es el punto donde el conocimiento se encuentra con la curiosidad, y es allí donde ocurre el aprendizaje más profundo. Una buena pregunta revela vacíos, conecta ideas distintas y obliga tanto al docente como al estudiante a mirar el tema desde otro ángulo.
Por eso, una buena pregunta vale más que una respuesta memorizada. La respuesta se olvida después del examen; la pregunta, en cambio, abre caminos que seguiremos recorriendo durante toda la vida profesional.
Cada duda que no se expresa tiene un costo que se acumula ciclo tras ciclo: los vacíos conceptuales se arrastran a los cursos siguientes, el pensamiento crítico se desarrolla menos y se desaprovecha el diálogo con los docentes, que muchas veces están dispuestos a orientar.
En el ámbito laboral, esto se traduce en profesionales que ejecutan procesos sin cuestionarlos y, por lo tanto, sin mejorarlos. Revertir esta situación es tarea de todos. Los docentes pueden crear un clima de confianza en el que cada pregunta sea bienvenida y ninguna sea motivo de burla. Los estudiantes pueden acostumbrarse a preparar al menos una pregunta antes de cada clase.
La universidad, por su parte, puede impulsar metodologías como los debates y los estudios de caso, que vuelven natural el cuestionamiento, y habilitar espacios digitales o preguntas anónimas para quienes todavía no se sienten listos para hablar en público.
Ante esta situación, nace la interrogante: La próxima vez que el silencio invada tu aula, ¿serás tú quien lo rompa?
