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Del campo a la construcción: ¿pueden los residuos agrícolas transformar la ingeniería civil en San Martín?

Por: Dr. César Augusto Rocha Sandoval
Docente de la Escuela de Ingeniería Civil
Campus Tarapoto
noviembre 2, 2026
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En la región San Martín, parte de la Amazonía peruana, la agricultura es una actividad económica clave. Se cultiva arroz, cacao, café y otros productos que impulsan el crecimiento local y ofrecen empleo. Sin embargo, muchos residuos agrícolas no se utilizan bien. Esto lleva a preguntarse: ¿pueden estos residuos ser usados para hacer materiales de construcción sostenibles?

El sector de la construcción tradicionalmente utiliza cemento, agregados naturales y ladrillos. Aunque estos materiales son esenciales para la infraestructura, su producción tiene efectos negativos en el medio ambiente, como el uso de energía, las emisiones de CO? y la extracción de recursos. Por eso, es importante revisar cómo se construye y buscar alternativas que reduzcan estos impactos sin afectar la seguridad y calidad de las estructuras.

En este contexto, San Martín tiene buenas condiciones para fomentar la innovación en materiales de construcción. Residuos como la cascarilla de arroz, la cascarilla de cacao, borra o cuncho y ciertos subproductos agroindustriales podrían usarse, tras un adecuado procesamiento y análisis técnico, en la fabricación de concretos, bloques y otros elementos constructivos.

Por ejemplo, se han realizado estudios sobre el uso de cenizas de cascarilla de arroz como sustituto parcial del cemento. Con un tratamiento adecuado, este material puede tener propiedades puzolánicas que mejoran el concreto. Sin embargo, sus ventajas dependen de factores como la temperatura de quemado, la composición química, la finura y la cantidad empleada. Por lo tanto, no basta con añadir residuos al concreto, sino con desarrollar materiales confiables mediante investigaciones y pruebas en laboratorio.

Esta sugerencia se vincula directamente con la idea de la economía circular, un enfoque que tiene como objetivo minimizar el desperdicio y prolongar el uso de recursos el mayor tiempo posible. En el ámbito de la construcción, esto implica dejar de ver ciertos desechos como materiales sin valor y empezar a considerarlos como potenciales insumos para nuevos procesos productivos.

En nuestro territorio, este modelo facilitaría una conexión más fuerte entre la agricultura y el sector de la construcción. Las fábricas de arroz, las compañías agroindustriales, las instituciones educativas y los proveedores de materiales podrían colaborar en esfuerzos conjuntos para investigar y crear productos que utilicen los recursos disponibles en la región.

Consideremos, por ejemplo, que una fracción de los desechos producidos en el proceso de elaboración del arroz pudiera ser convertida, a través de métodos industriales organizados, en un recurso adicional para la creación de adoquines para áreas peatonales. Esta opción abriría la puerta a nuevas cadenas de producción, incentivaría iniciativas tecnológicas y disminuiría la dependencia de ciertos materiales tradicionales.

No obstante, la edificación sostenible no debe ser confundida con el uso indiscriminado de materiales reciclados. Cada elemento destinado a un proyecto de construcción debe presentar características óptimas de resistencia, longevidad, capacidad de absorción y rendimiento ante diversas condiciones ambientales. En una zona donde las lluvias son comunes y la humedad es alta, estos factores son especialmente cruciales.

Por esta razón, pienso que las universidades de la región San Martín deben adoptar un rol más protagónico en la realización de investigaciones aplicadas que atiendan las necesidades de nuestro entorno. No es suficiente con llevar a cabo estudios que solo culminen en documentos académicos; es imprescindible fomentar experiencias piloto, la transferencia de tecnología y la colaboración con empresas que permitan evaluar la implementación real de los hallazgos.

Del mismo modo, las instituciones del sector público podrían fomentar programas de innovación en materiales sostenibles, alentando la participación de ingenieros civiles, investigadores, empresarios y productores agrícolas. Esta iniciativa ayudaría a reforzar una perspectiva de desarrollo regional fundamentada en el conocimiento, la eficiencia en el uso de recursos y la responsabilidad frente al medio ambiente.

La verdadera innovación en ingeniería civil va más allá de construir edificios más altos o emplear tecnologías avanzadas. También significa descubrir soluciones inteligentes utilizando los recursos que tenemos, especialmente cuando estas opciones pueden ayudar a proteger el medio ambiente de nuestra región e impulsar su crecimiento económico.

San Martín tiene la oportunidad de demostrar que la agricultura y la construcción no son campos separados, sino sectores que pueden trabajar juntos para crear innovación. El desafío es convertir el conocimiento científico en soluciones constructivas que sean seguras, económicamente viables y ambientalmente responsables. El futuro de la construcción dependerá no solo de la cantidad de cemento que utilicemos, sino también de nuestra capacidad para gestionar mejor los recursos y construir sin perjudicar el bienestar de las generaciones futuras.

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