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¿Por qué nos gusta sentir miedo? La Psicología detrás de Halloween

Por: Universidad César Vallejo
Foto: iStock
octubre 26, 2026
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Psicóloga y docente de la UCV explica por qué algunas personas disfrutan el terror y cómo el miedo influye en nuestro cerebro y bienestar emocional. 

Las películas de terror, las casas embrujadas y las experiencias que provocan sobresaltos forman parte del entretenimiento durante Halloween. Para algunas personas, estas actividades generan emoción y diversión; para otras, pueden resultar incómodas e incluso provocar ansiedad. ¿Por qué podemos disfrutar de una emoción asociada al peligro?

El miedo es una emoción básica que cumple una función protectora. Según explica Sandra Elizabeth Fuentes Chávez, psicóloga y docente universitaria de la Escuela de Psicología de la Universidad César Vallejo (UCV), cuando el cerebro identifica una posible amenaza, la amígdala cerebral participa en su detección y activa, junto con el hipotálamo, una respuesta de alerta. Esto provoca cambios físicos, como el aumento de la frecuencia cardíaca, la aceleración de la respiración y la tensión muscular, además de la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol.

Esta reacción prepara al organismo para responder ante el peligro. Sin embargo, también podemos sentir miedo sin estar ante una amenaza real, pues nuestros pensamientos y experiencias influyen en cómo interpretamos el entorno. Como señala la especialista, “el miedo no solo alerta del peligro, sino que también enseña cómo interpretamos nuestro entorno y respondemos ante él”.

¿Por qué disfrutamos las experiencias de terror?

La personalidad, las experiencias previas y la forma en que cada persona procesa sus emociones ayudan a explicar por qué algunos disfrutan las películas de terror, mientras que otros prefieren evitarlas. En un contexto seguro, como una película o una montaña rusa, podemos reconocer que no existe una amenaza real e interpretar las reacciones físicas del miedo como emoción, entusiasmo o diversión.

“De este modo, el miedo puede convertirse en una experiencia placentera cuando sentimos que tenemos el control y percibimos que estamos a salvo”, explica Fuentes Chávez. A ello se suma la sensación de alivio y satisfacción que puede aparecer cuando termina la experiencia y reconocemos que estamos fuera de peligro.

La búsqueda de sensaciones intensas y novedosas también puede influir en esta preferencia. Algunas personas encuentran entusiasmo al afrontar desafíos, combatir el aburrimiento o explorar sus propios límites en situaciones controladas. No obstante, las experiencias anteriores pueden generar respuestas distintas: mientras algunas personas reconocen el terror como ficción, otras pueden sentir malestar si determinados contenidos les recuerdan situaciones desagradables. Por ello, el gusto por estas experiencias depende de una combinación de características personales, aprendizajes y vivencias.

¿Cuándo el miedo deja de ser diversión?

Aunque sentir miedo en un contexto recreativo puede resultar agradable, es importante reconocer cuándo esta emoción comienza a afectar el bienestar emocional. Según Fuentes Chávez, esto ocurre cuando su intensidad o duración supera la capacidad de la persona para regularlo y empieza a interferir en sus actividades cotidianas.

Entre las señales de alerta se encuentran la ansiedad persistente, las pesadillas frecuentes, las dificultades para dormir, los pensamientos intrusivos y la evitación constante de determinadas situaciones. “Cuando deja de ser temporal y empieza a limitar nuestra vida, nuestras relaciones o nuestra tranquilidad, es necesario atenderlo y buscar estrategias para regularlo”, advierte la especialista.

Si estas reacciones persisten o afectan la vida cotidiana, es recomendable considerar la orientación de un profesional de la salud mental. Así, comprender cómo reaccionamos ante el miedo permite disfrutar del entretenimiento de forma consciente y reconocer cuándo una experiencia que inicialmente parecía divertida puede convertirse en una fuente de malestar.

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